Isabel la reina
Monday, February 9, 2009
Permítanme hablarles ahora de Isabel la Reina. Al nacer, y ya incluso cuando era bebé, sostenía la cabeza muy alta. La mayoría de ustedes saben que eso es algo insólito. Un niño pequeño tiene los músculos débiles y no puede sostener la cabeza en alto. Pero Isabel se sostenía. De hecho, Isabel pertenecía a la realeza, y ella lo sabía. El único problema, queridos míos, es que los padres de Isabel no eran reyes.
Isabel nació en el seno de un colectivo pobre; gradualmente, y a lo largo de los años, eso la encolerizó, pues sabía que ella era alguien especial. Era una princesa camino de convertirse en reina, pero nada de lo que la rodeaba se hallaba visiblemente de acuerdo con ese sentimiento. Y así, irritaba a los otros niños con su altivez, y más tarde irritó a otros adultos, pues deseaba las cosas de determinada manera. Tenía la actitud de una princesa real en una familia pobre. Y, de un modo similar a lo ocurrido en la primera historia que les hemos ofrecido" sobre María la Estéril, la oportunidad de Isabel llegó a presentarse. Una amiga la llevó un día aparte y le explicó los trabajos de Dios. Isabel, al contemplar su propia vida, dijo:
"Asumo firmemente la responsabilidad por el camino que siento..., nacida como princesa sin la familia real. Así pues, ¿cuál es mi misión?", se preguntó. Entonces se dio cuenta: "Quizá no necesite tener una familia real para ser real".
De este modo, Isabel decidió crearse su posición por su propia cuenta. Y todo lo que intentó le salió bien. Las ventanas de oportunidad se abrieron para Isabel cuando avanzaba hacia el liderazgo de su grupo y co-creaba su propia realidad. Al cumplir cuarenta y tres años, Isabel se encontró siendo respetada y admirada por todos.
Gracias a sus talentos y a lo que era, había logrado crear su propia realeza. Así pues, el residuo de la vida pasada le había servido una vez más, pero no en la forma en la que ella había imaginado que lo haría. La alquimia está clara en esta historia.
Isabel había tomado una situación potencialmente decepcionante y, gracias a la comprensión y a la iluminación, la convirtió en otra situación apropiada de honor. Y de este modo, es como Isabel se convirtió en Reina.
Ahora, queridos míos, a partir de estas cuatro historias, pueden plantearse la siguiente pregunta:
"¿Cómo puedo saber la diferencia entre un residuo de la vida pasada y un contrato o una misión?
Pues ambas cosas parecen lo mismo".
María la Estéril pensó que iba a ser madre. Juan sabía con toda seguridad que había nacido para tener abundancia, Felipe el Pescador creyó que había nacido para pescar, e Isabel pensó que debía haber sido una reina.
Eso es algo muy fácil de saber, y aquí hay atributos importantes. Todas las sesiones de planificación del karma, aquellas que están sucediendo en estos mismos momentos para ustedes, giran alrededor de las ventanas de oportunidad que son posibilidades de acción para ustedes, individualmente. Eso quiere decir que han sido planificadas con amor para su iluminación y que aparecen claramente ante ustedes en momentos potentes.
Algunas posibilidades suelen abrirse ante ustedes para mostrarles lo que se supone que no deben hacer. Por otro lado, aquellas actividades que prueban y que les salen bien constituyen, evidentemente, sus misiones. Si no conocen la diferencia entre un sentimiento intuitivo celular y una misión, les invitamos a afrontar directamente el desafío de descubrirlo. Algunos de ustedes tienen la sensación de que deberían ser esto o lo otro. Quizá deberían ir aquí o allá, pero no están seguros. Muchos de ustedes tendrán que aventurarse a salir para descubrir la diferencia entre un residuo de una vida pasada y un contrato kármico o misión, pues existe a menudo una línea borrosa entre los dos.
Es precisamente esa línea borrosa la que les invita kármicamente a aventurarse para descubrir la diferencia. No teman perder el tiempo o emplear recursos en algo que parezca haber fracasado, ¡pues es posible que eso les conduzca a la verdad! Es esa misma acción o intencionalidad de aventurarse fuera lo que indica a Dios y a sus ángeles guías que han decidido moverse hacia aquello que ustedes mismos han planeado.
¿Comprenden la ironía de todo esto? Si permanecen sentados y se preocupan y temen acerca de lo que se supone que deben hacer, entonces no sucederá nada. Sólo cuando van más allá de su propio temor y pasan a la acción para descubrirlo, se pone en marcha el "motor" de su lección. A veces, su acción parece tener como resultado el fracaso, pero la verdad es que han descubierto en realidad si el sentimiento es un residuo o una misión. El estúpido es el humano que continúa probando el residuo una y otra vez. Simplemente nunca funciona.
Así, si Felipe hubiera intentado ser pescador, eso no habría funcionado para él. Hay algo que Felipe nunca llegó a descubrir y que se encontraba oculto en su biología. Si hubiera seguido adelante con sus planes de convertir la pesca en el trabajo de su vida, se habría sentido constantemente enfermo. Esa es otra forma con la que Dios le honró, ayudándole a encontrar su misión. No habría funcionado para él, y de no haber sido por su padre, habría perdido la oportunidad de verlo claramente. En lugar de eso, Felipe consiguió pasar a realizar rápidamente su misión, gracias a que otros ser humano estaba a su lado y que había venido para cumplir ese mismo propósito. ¿Se dan cuenta de lo importantes que son los humanos que les rodean para acelerar el cumplimiento de su misión?
Dios no establece ningún juicio sobre si se pasa por el karma o no cuando se llega al otro lado, después de haber fracasado aparentemente en una prueba de la vida. Tal como sucedió en el caso de Juan el Abundante, no hubo ningún juicio, ni siquiera por parte del propio Juan. En lugar de eso, recibió la bienvenida propia de un héroe en el salón del honor, lo mismo que los otros. Es en la propia encarnación donde está el honor. Dios no juzga en ningún momento si se ha aprendido o no la lección. El honor estriba en recorrer el camino, no en la dirección en la que se ha caminado.
Lee Carroll
Isabel nació en el seno de un colectivo pobre; gradualmente, y a lo largo de los años, eso la encolerizó, pues sabía que ella era alguien especial. Era una princesa camino de convertirse en reina, pero nada de lo que la rodeaba se hallaba visiblemente de acuerdo con ese sentimiento. Y así, irritaba a los otros niños con su altivez, y más tarde irritó a otros adultos, pues deseaba las cosas de determinada manera. Tenía la actitud de una princesa real en una familia pobre. Y, de un modo similar a lo ocurrido en la primera historia que les hemos ofrecido" sobre María la Estéril, la oportunidad de Isabel llegó a presentarse. Una amiga la llevó un día aparte y le explicó los trabajos de Dios. Isabel, al contemplar su propia vida, dijo:
"Asumo firmemente la responsabilidad por el camino que siento..., nacida como princesa sin la familia real. Así pues, ¿cuál es mi misión?", se preguntó. Entonces se dio cuenta: "Quizá no necesite tener una familia real para ser real".
De este modo, Isabel decidió crearse su posición por su propia cuenta. Y todo lo que intentó le salió bien. Las ventanas de oportunidad se abrieron para Isabel cuando avanzaba hacia el liderazgo de su grupo y co-creaba su propia realidad. Al cumplir cuarenta y tres años, Isabel se encontró siendo respetada y admirada por todos.
Gracias a sus talentos y a lo que era, había logrado crear su propia realeza. Así pues, el residuo de la vida pasada le había servido una vez más, pero no en la forma en la que ella había imaginado que lo haría. La alquimia está clara en esta historia.
Isabel había tomado una situación potencialmente decepcionante y, gracias a la comprensión y a la iluminación, la convirtió en otra situación apropiada de honor. Y de este modo, es como Isabel se convirtió en Reina.
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Ahora, queridos míos, a partir de estas cuatro historias, pueden plantearse la siguiente pregunta:
"¿Cómo puedo saber la diferencia entre un residuo de la vida pasada y un contrato o una misión?
Pues ambas cosas parecen lo mismo".
María la Estéril pensó que iba a ser madre. Juan sabía con toda seguridad que había nacido para tener abundancia, Felipe el Pescador creyó que había nacido para pescar, e Isabel pensó que debía haber sido una reina.
Eso es algo muy fácil de saber, y aquí hay atributos importantes. Todas las sesiones de planificación del karma, aquellas que están sucediendo en estos mismos momentos para ustedes, giran alrededor de las ventanas de oportunidad que son posibilidades de acción para ustedes, individualmente. Eso quiere decir que han sido planificadas con amor para su iluminación y que aparecen claramente ante ustedes en momentos potentes.
Algunas posibilidades suelen abrirse ante ustedes para mostrarles lo que se supone que no deben hacer. Por otro lado, aquellas actividades que prueban y que les salen bien constituyen, evidentemente, sus misiones. Si no conocen la diferencia entre un sentimiento intuitivo celular y una misión, les invitamos a afrontar directamente el desafío de descubrirlo. Algunos de ustedes tienen la sensación de que deberían ser esto o lo otro. Quizá deberían ir aquí o allá, pero no están seguros. Muchos de ustedes tendrán que aventurarse a salir para descubrir la diferencia entre un residuo de una vida pasada y un contrato kármico o misión, pues existe a menudo una línea borrosa entre los dos.
Es precisamente esa línea borrosa la que les invita kármicamente a aventurarse para descubrir la diferencia. No teman perder el tiempo o emplear recursos en algo que parezca haber fracasado, ¡pues es posible que eso les conduzca a la verdad! Es esa misma acción o intencionalidad de aventurarse fuera lo que indica a Dios y a sus ángeles guías que han decidido moverse hacia aquello que ustedes mismos han planeado.
¿Comprenden la ironía de todo esto? Si permanecen sentados y se preocupan y temen acerca de lo que se supone que deben hacer, entonces no sucederá nada. Sólo cuando van más allá de su propio temor y pasan a la acción para descubrirlo, se pone en marcha el "motor" de su lección. A veces, su acción parece tener como resultado el fracaso, pero la verdad es que han descubierto en realidad si el sentimiento es un residuo o una misión. El estúpido es el humano que continúa probando el residuo una y otra vez. Simplemente nunca funciona.
Así, si Felipe hubiera intentado ser pescador, eso no habría funcionado para él. Hay algo que Felipe nunca llegó a descubrir y que se encontraba oculto en su biología. Si hubiera seguido adelante con sus planes de convertir la pesca en el trabajo de su vida, se habría sentido constantemente enfermo. Esa es otra forma con la que Dios le honró, ayudándole a encontrar su misión. No habría funcionado para él, y de no haber sido por su padre, habría perdido la oportunidad de verlo claramente. En lugar de eso, Felipe consiguió pasar a realizar rápidamente su misión, gracias a que otros ser humano estaba a su lado y que había venido para cumplir ese mismo propósito. ¿Se dan cuenta de lo importantes que son los humanos que les rodean para acelerar el cumplimiento de su misión?
Dios no establece ningún juicio sobre si se pasa por el karma o no cuando se llega al otro lado, después de haber fracasado aparentemente en una prueba de la vida. Tal como sucedió en el caso de Juan el Abundante, no hubo ningún juicio, ni siquiera por parte del propio Juan. En lugar de eso, recibió la bienvenida propia de un héroe en el salón del honor, lo mismo que los otros. Es en la propia encarnación donde está el honor. Dios no juzga en ningún momento si se ha aprendido o no la lección. El honor estriba en recorrer el camino, no en la dirección en la que se ha caminado.
Lee Carroll


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